Blog do Yuri

palavras aos homens e mulheres da Madrugada

Categoria: Arte (Página 3 de 6)

Arte e Poupança

Conheço alguns galeristas que costumam reclamar da baixíssima procura por obras de arte no mercado brasileiro. Porque, dizem eles, embora a oferta de boas obras seja grande, as vendas são ínfimas. Não duvido. (Quem escreve livros sabe disso muito bem.) No entanto, um deles, em vez de observar com maior atenção as causas do fenômeno, prefere chegar àquele remédio equivocado: “o governo deveria financiar os coitados dos artistas”. Ora, ora. Mais um querendo que a doença tome conta da paciente sociedade…

Deixando de lado questões secundárias como as que afirmam que falta ao povo educação estético-artística – porque o único problema que isso acarretaria seria a compra de obras de arte sofríveis (norte-americanos têm dinheiro, educação e são capazes de comprar as besteiras caríssimas do Damien Hirst) – a verdade é que nós não compramos muitas obras de arte pela mesma razão que não compramos sapatos italianos, vinhos franceses ou uma Jacuzzi, isto é, graças à política econômica do governo nas últimas décadas, a qual impede a formação de poupança. No aspecto econômico, estamos presos à Matrix Keynesiana. É ela que não nos deixa poupar dinheiro, é ela que faz o governo gastar mais do que arrecada, aumentando a dívida pública e a consequente extração de nosso sangue financeiro mediante impostos, taxas e inflação. Querer que o governo dê dinheiro a um setor qualquer da sociedade, ainda que aos “coitados” dos artistas, seria apenas exigir que ele retire dos demais ainda mais dinheiro na forma de tributos. E, quando torna-se impossível poupar dinheiro – são tantos os furinhos no nosso saco de moedas -, fica muito difícil gastar com coisas belas, porque primeiro é preciso forrar o estômago e garantir um teto sobre as cabeças das crianças. Estética? Cultiva-se um vaso de flores – van Gogh sabia melhor do que ninguém que, na pobreza, não há nada mais bonito.

Ok, ok. Então o problema é a teoria econômica de Lord Keynes. Mas, afinal, o que isso quer dizer? Bem, como este é um site de cultura, e não de economia, usarei dois vídeo-clipes premiados de rap (sim, rap!) do site Econ Stories. Assista-os, conheça qual é a batalha ora em vigor, e perceba que há uma saída. (São legendados em português. É preciso clicar em “CC” para ver as legendas.)

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Publicado no Digestivo Cultural.

Ananda K. Coomaraswamy: “¿Para Qué Exponer Obras de Arte?”

AnandaCoomaraswamy

¿Para qué es un museo de arte? Como la palabra «conservador» implica, la función primera y más esencial de este museo es cuidar obras de arte antiguas o únicas que ya no están en sus lugares originales o que ya no se usan como se usaban originalmente y que, por consiguiente, están en peligro de destrucción por abandono u otros motivos. Este cuidado de las obras de arte no implica necesariamente su exposición.

Si preguntamos por qué deben exponerse y hacerse accesibles y explicarse al público las obras de arte protegidas, la respuesta será que esto ha de hacerse con un propósito educativo. Pero antes de que procedamos a la consideración de este propósito, antes de preguntar: ¿educación en qué o para qué?, debe hacerse una distinción entre la exposición de obras de artistas vivos y la de obras de arte antiguas, o relativamente antiguas, o exóticas. No hay necesidad de que los museos expongan obras de artistas vivos, que no están en peligro inminente de destrucción; o, al menos, si se exponen tales obras, debe comprenderse claramente que, en realidad, el museo está haciendo publicidad del artista y actuando en beneficio del marchante o intermediario cuyo negocio consiste en encontrar un mercado para el artista; la única diferencia es que, aunque el museo hace el mismo trabajo que el marchante, no obtiene ningún beneficio. Por otra parte, que un artista vivo quiera «colgar» o «exponer» su obra en un museo sólo puede deberse a su necesidad o a su vanidad. Pues las cosas se hacen normalmente para ciertos propósitos y ciertos lugares para los que son apropiadas, y no simplemente «para la exposición»; y porque lo que se hace así por encargo, es decir, por un artista para un cliente, está controlado por ciertas exigencias y se mantiene en orden. Mientras que, como observó recientemente el señor Steinfelds, «el arte que sólo se hace para colgarlo de las paredes de un museo es un tipo de arte que no necesita considerar su relación con su entorno último. El artista puede pintar lo que quiera, y del modo que quiera, y si a los conservadores y administradores les gusta lo suficiente, lo colgarán en la pared con todas las demás curiosidades».

Vamos a considerar el verdadero problema, del ¿por qué exponer?, en lo que se refiere a las obras de arte relativamente antiguas o exóticas que, debido a su fragilidad y a que ya no corresponden a ninguna necesidad nuestra de la que seamos activamente conscientes, se conservan en nuestros museos, de cuyas colecciones forman la parte más importante. Si hemos de exponer estos objetos por razones educativas, y no como meras curiosidades, es evidente que estamos proponiendo hacer tanto uso de ellos como sea posible sin un manejo efectivo. Así pues, será imaginativamente y no efectivamente, como nosotros haremos uso del relicario medieval, o yaceremos en el lecho egipcio, o haremos nuestras ofrendas a alguna deidad antigua. Por consiguiente, los fines educativos para los que puede servir una exposición, no sólo requieren los servicios de un conservador que prepare la exposición, sino también los de un docente que explique las necesidades del patrón original y los métodos del artista original; porque las obras que tenemos delante son lo que son por lo que estos patronos y artistas fueron. Si la exposición ha de ser algo más que una muestra de curiosidades y un espectáculo entretenido, no bastará darse por satisfechos con nuestras reacciones personales ante los objetos; para conocer por qué los objetos son lo que son, debemos conocer a los hombres que los hicieron. No sería «educativo» interpretar esos objetos a la luz de nuestros gustos o disgustos personales, o asumir que estos hombres consideraban el arte tal como lo consideramos nosotros, o que tenían motivos estéticos, o que «se estaban expresando a sí mismos». Debemos estudiar suteoría del arte, en primer lugar para comprender las cosas que hicieron por arte, y, en segundo lugar, para preguntarnos —en el caso de que resulte diferir de la nuestra— si su punto de vista sobre el arte no pudo haber sido un punto de vista más verdadero.

Asumamos que estamos examinando una exposición de objetos griegos, y que invitamos a Platón para que nos haga de docente. Él no sabe nada de nuestra distinción entre bellas artes y artes aplicadas. Para él, la pintura y la agricultura, la música y la carpintería y la alfarería son todas por igual tipos de poesía o de hechura. Y como dice Plotino, siguiendo a Platón, las artes como la música o la carpintería no se basan en la sabiduría humana, sino en el pensamiento de «allí».

Siempre que Platón habla despectivamente de las «bajas artes mecánicas» y de la mera «labor», a la que distingue del «trabajo noble» de hacer cosas, se refiere a los tipos de manufactura que sólo proveen a las necesidades del cuerpo. El tipo de arte que llama sano y que admitirá en su estado ideal, no sólo debe ser útil, sino también fiel a unos modelos rectamente escogidos, y por consiguiente bellos; y este arte, dice, proveerá al mismo tiempo «a las necesidades de las almas y de los cuerpos de susciudadanos». Su «música» corresponde a todo lo que nosotros entendemos por «cultura», y su «gimnasia» a todo lo que entendemos por formación y bienestar físico; insiste en que estos fines culturales y físicos nunca deben perseguirse por separado; el delicado artista y el rudo atleta son igualmente despreciables. Por otra parte, nosotros estamos acostumbrados a considerar la música, y la cultura en general, como inútiles, pero, a pesar de todo, estimables. Olvidamos que, tradicionalmente, la música nunca es algo sólo para el oído, algo sólo para ser escuchado, sino que siempre es el acompañamiento de algún tipo de acción. Nuestras propias concepciones de la cultura son típicamente negativas. Creo que el profesor Dewey está en lo cierto cuando llama a nuestros valores culturales esnobistas. Las lecciones del museo deben aplicarse a nuestra vida.

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Rainer Maria Rilke e as “falsas profissões semi-artísticas”

Rainer Maria Rilke

« Paris, dia posterior ao Natal, 1908

« O senhor deve saber, caro senhor Kappus, como estou alegre por ter em mãos esta sua bela carta. As notícias que me dá, reais e explícitas como são desta vez, parecem-me boas, e quanto mais considero o assunto, mais as percebo como sendo boas de fato. Na verdade, pretendia lhe escrever isso para a noite de Natal, mas, em função do trabalho variado ao qual dedico minha vida ininterruptamente neste inverno, a velha festa chegou tão depressa que mal tive tempo para tomar as providências necessárias, muito menos para escrever.

« Entretanto pensei no senhor muitas vezes nesses dias festivos e fiquei imaginando como devia estar em seu forte solitário, entre as montanhas isoladas, sobre as quais se precipitam aqueles grandes ventos do sul, como se quisessem devorá-las.

« Deve ser imenso o silêncio em que tais ruídos e movimentos têm lugar. E quando se pensa que a tudo isso ainda se acrescenta a presença do mar longínquo, ressoando talvez como o tom mais íntimo daquela harmonia pré-histórica, só se pode desejar ao senhor que, cheio de confiança e paciência, deixe trabalhar em sua pessoa a grandiosa solidão que não poderá mais ser riscada de sua vida. Essa solidão permanecerá e atuará, de modo decisivo e sutil, em tudo o que o senhor tem a experimentar e a fazer, como uma influência anônima, como o sangue de antepassados que percorre as nossas veias continuamente, compondo com o nosso próprio sangue o que somos de único e irrepetível a cada nova guinada de nossa vida.

« Sim, alegra-me que o senhor tenha essa existência firme e manifesta, esse título, esse uniforme, esse serviço, tudo de palpável e delimitado que, em tais circunstâncias, com uma guarnição isolada e não muito numerosa, ganha seriedade e necessidade. Acima do caráter brincalhão e da vadiação que fazem parte da profissão militar, tudo isso significa uma aplicação diligente e não só permite, mas justamente educa uma atenção independente. O fato de nos encontrarmos em situações que trabalham em nós, que de tempos em tempos nos põem diante de grandes coisas da natureza, é tudo que se faz necessário.

« Também a arte é apenas um modo de viver, e é possível se preparar para ela sem saber, vivendo de uma maneira ou de outra. Em tudo o que é real há mais proximidade dela do que nas falsas profissões semi-artísticas que, ao simular uma proximidade da arte, na prática negam e atacam a existência de qualquer arte. Por exemplo, todo o jornalismo faz isso, assim como quase toda a crítica e três quartos do que se chama e pretende ser chamado de literatura. Alegra-me, em suma, que o senhor tenha superado o perigo de cair nessa armadilha e se encontre em meio a uma realidade bruta, solitário e corajoso. Espero que o próximo ano o mantenha assim e o fortaleça.

« Sempre seu, Rainer Maria Rilke.»
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Cartas a um jovem poeta, de Rainer Maria Rilke.

Creio que às “falsas profissões semi-artísticas” citadas por Rilke podemos acrescentar toda a publicidade e toda a classe burocrática ligada às artes e à cultura. Mais do que risível chega a ser assustadora a empáfia com que tais burocratas — porquanto possuem um cargo numa agência, numa secretaria ou no próprio Ministério da Cultura — passam a considerar a si mesmos grandes gênios da humanidade. (O mesmo se dá entre os publicitários e seus associados.) É impressionante o que o poder — mesmo um poderzinho diluído e enganoso — e o dinheiro, juntos, fazem ao ego de uma pessoa. Nada lhe parece mais orgiástico do que ostentar um rótulo socialmente lindo, embora estética e culturalmente irrelevante, e, ao mesmo tempo, deter a prerrogativa de impedir ou auxiliar com benesses que não lhe pertence os verdadeiros artistas.

Roger Scruton diz por que a beleza importa

Um documentário imperdível do filósofo Roger Scruton, que trata da perda do sentido do belo em nossa época. (Para ativar as legendas, clique no ícone “cc”.)

Por que a Beleza Importa (Why Beauty Matters). Legendado from O Godzilla on Vimeo.

Henry Miller fala sobre a verdadeira vitalidade

Henry Miller

« UMA DAS coisas que mais impressionam na América, nesta minha viagem, é que os homens promissores, os homens de alegre sabedoria, os homens que inspiram esperança neste período tão desanimador de nossa história, são ou meninos mal saídos da adolescência ou meninos de setenta anos ou mais.

« Na França, os velhos, principalmente os de origem camponesa, são uma alegria e uma inspiração a se imitar. São como grandes árvores que nenhuma tempestade consegue derrubar; irradiam paz, serenidade e sabedoria. Na América, os velhos são, em geral, uma tristeza, principalmente os bem-sucedidos que prolongam sua existência muito além dos termos naturais por meio de respiração artificial, por assim dizer. São horríveis exemplos vivos da arte do embalsamador, cadáveres semoventes manipulados por um séquito de atendentes muito bem pagos que são uma vergonha para a sua profissão.

« As exceções à regra — e o contraste é abismal — são os artistas, e por artistas quero dizer os criadores, independentemente do seu campo de operação. A maioria deles começou a desenvolver, a revelar sua individualidade depois dos quarenta e cinco anos, idade que a maior parte das empresas industriais deste país fixou como o fim da linha. Deve-se admitir, incidentalmente, claro, que o trabalhador médio, que atuou desde a adolescência como um robô, está pronto para a lixeira nessa idade. E aquilo que é verdadeiro para o robô comum é, em grande parte, verdadeiro para o robô mestre, o chamado capitão da indústria. Só sua riqueza permite que ele alimente e mantenha uma débil e oscilante chama. No que diz respeito à verdadeira vitalidade, depois dos quarenta e cinco anos somos uma nação de destruídos.

« Mas existe uma classe de homens resistentes, antiquados o suficiente para se terem mantido asperamente individuais, abertamente desdenhosos da moda, apaixonadamente dedicados a seu trabalho, imunes ao suborno e à sedução, que trabalham longas horas, muitas vezes sem recompensa ou fama, que são motivados por um impulso comum: a alegria de fazer o que bem entendem. Em algum momento ao longo do trajeto eles se destacaram dos outros. Os homens de que estou falando são identificáveis a um mero olhar: seu rosto registra algo muito mais vital, muito mais eficiente, do que a sede de poder. Eles não procuram dominar, mas realizar-se. Operam a partir de um centro que está em repouso. Evoluem, crescem, alimentam só por serem o que são.

« Essa questão, a relação entre sabedoria e vitalidade, me interessa porque, ao contrário da opinião geral, nunca fui capaz de olhar a América como jovem e vital, mas sim como prematuramente envelhecida, como uma fruta que apodreceu antes de ter a chance de amadurecer. A palavra-chave para descrever o vício nacional é desperdício.
E as pessoas que são esbanjadoras não são sábias nem conseguem se manter jovens e vigorosas. Para transmutar energia a níveis superiores e mais sutis é preciso conservar a energia. O pródigo logo fica esgotado, vítima das próprias forças com as quais brincou tão tola e descuidadamente.

« Até mesmo as máquinas têm de ser manuseadas com perícia para se obter delas o máximo resultado. A menos, como é o caso da América, que sejam produzidas em tais quantidades que possamos jogá-las fora antes que fiquem velhas e inúteis. Mas, quando se trata de jogar fora seres humanos, a história é outra. Seres humanos não podem ser desligados como máquinas. Existe uma curiosa correlação entre fecundidade e lixo. O desejo de procriar parece morrer quando o período de utilidade é fixado na prematura idade de quarenta e cinco anos.

« Poucos são os que conseguem escapar do rolo compressor. Sobreviver apenas, apesar das condições, não confere mérito nenhum. Animais e insetos sobrevivem quando tipos superiores são ameaçados de extinção. Para viver além do declínio, para trabalhar pelo prazer de trabalhar, para envelhecer com graça conservando todas as faculdades, entusiasmos e auto-respeito, é preciso estabelecer valores diferentes daqueles adotados pela massa. É preciso um artista para abrir essa brecha na muralha. Um artista é primordialmente alguém que acredita em si mesmo. Ele não reage aos estímulos normais: não é nem um burro de carga nem um parasita. Vive para se expressar e ao fazê-lo enriquece o mundo.

« O homem em quem estou pensando neste momento, o doutor Marion Souchon, de Nova Orleans, não é nada típico. É, de fato, uma curiosa anomalia e por essa razão muito mais interessante para mim. Hoje um homem de 70 anos, cirurgião famoso e bem-sucedido, começou a pintar seriamente com a idade de 60 anos. E não abandonou a prática médica ao fazê-lo. Cinqüenta anos atrás, quando começou a estudar medicina, seguindo os passos do pai, ele instaurou para si mesmo um regime espartano ao qual se manteve fiel desde então.

« Um regime que, devo dizer, lhe permite fazer o trabalho de três ou quatro homens e continuar cheio de vitalidade e otimismo. É seu costume levantar-se às cinco da manhã, tomar um desjejum leve e ir para a sala de operação, depois para o consultório, onde desenvolve seus deveres de funcionário de uma companhia de seguros, responde à correspondência, atende pacientes, visita hospitais e assim por diante. Na hora do almoço, já realizou o trabalho duro de um dia inteiro. Durante os últimos dez anos tem conseguido encontrar todos os dias um tempinho para dedicar à pintura, para ver a obra de outros pintores, conversar com eles, estudar o seu métier como se fosse um jovem de 2 anos que apenas começou carreira. Ele não sai do consultório para um estúdio — pinta no próprio consultório. No canto de uma salinha forrada de livros e estátuas fica um objeto que parece um instrumento musical coberto. No momento em que se vê sozinho, vai até esse objeto, abre-o, e se põe a trabalhar. Toda a sua parafernália de pintura está contida nessa caixa musical negra de aspecto misterioso.

« Quando a luz enfraquece, ele continua com luz artificial. Às vezes, tem uma hora para passar assim, às vezes quatro ou cinco. É capaz de, sem aviso prévio, sair do cavalete e realizar uma delicada operação cirúrgica. O que não é pouco e, no caso de um artista, um procedimento, no mínimo bastante não-ortodoxo.

« Quando perguntei a ele se não pensava fazer da pintura sua única atividade, sobretudo agora que lhe restavam poucos anos pela frente, ele disse que havia rejeitado a idéia porque "Tenho de ter uma outra ocupação para ser variado o grande prazer de trabalhar sem nunca me cansar." Depois de várias visitas, tive a audácia de reformular a questão. Não me parecia possível que um homem tão apaixonado por sua pintura como ele e que, além disso, estava evidentemente tentando concentrar o trabalho de vinte anos em quatro ou cinco, que um homem assim pudesse não enfrentar algum tipo de problema com essa vida dupla ou múltipla. Se fosse um mau pintor, ou um mau cirurgião. Se fosse um mestre numa coisa e um diletante na outra, eu não teria me dado ao trabalho de continuar com o assunto. Mas ele é, reconhecidamente, um dos grandes cirurgiões do seu tempo e, quanto a sua pintura, não há dúvidas, principalmente na opinião de outros artistas consideráveis, de que se trata de um artista sério cuja obra está se tornando dia a dia mais importante, crescendo a uma velocidade assustadora. Ele acabou me confessando que estava começando a se dar conta de que "essa coisa chamada pintar é algo que agita a alma, mexe com a cabeça, absorve tempo, é absolutamente exigente e monopoliza todo o ser da pessoa e acaba por transcender quaisquer outros interesses." "É", acrescentou reflexivo, "tenho de admitir que isso perturbou o ritmo de minha vida, lançou-me em uma jornada inteiramente nova."

« Era o que eu queria ouvir. Se ele não tivesse admitido isso, eu teria formado uma opinião muito diferente dele. Quanto às razões para continuar com sua outra vida, sinto que não tenho nada a ver com isso.

« "Se tivesse a chance de recomeçar sua vida toda de novo," perguntei, "essa vida seria muito diferente da que conhecemos? Você teria digamos, colocado a arte na frente da medicina?"
"Eu teria feito exatamente a mesma coisa de novo," respondeu sem hesitar nem um momento. "A cirurgia era o meu destino. Meu pai foi um cirurgião notável e um exemplo maravilhoso de sua profissão A cirurgia é ciência e arte combinadas e por essa razão, por ora, satisfaz a minha necessidade de arte."

« Fiquei curioso para saber se a preocupação com a pintura havia aguçado o seu interesse pelos aspectos metafísicos da vida. "Vou responder da seguinte maneira," disse ele. "Uma vez que a vida em todos os seus aspectos humanos foi o trabalho de minha vida, pintar veio a ser apenas uma ampliação dessa esfera. O sucesso que eu possa ter tido como médico, atribuo a meu conhecimento da natureza humana. Tratei a mente das pessoas tanto quanto seus corpos. A pintura, sabe, é muito semelhante à prática da medicina. Embora ambas tratem do físico, a sua maior influência e força é, sem nenhuma dúvida, psíquica. A palavra significa para o paciente a mesma coisa que a linha e a forma para o pintor. É quase incrível como uma mera palavra, um ponto ou uma linha podem moldar e influenciar a vida de um indivíduo. Não é assim?"

« No curso de nossa discussão, fiz uma outra descoberta que confirmou minhas intuições e que foi a seguinte: que desde a infância ele tivera o desejo de pintar e desenhar. Quando tinha seus 21 anos, divertia-se fazendo aquarelas. Depois de um lapso de quase trinta anos, passou a esculpir figuras em barro e madeira. Exemplos dessa última direção estavam espalhados por seu minúsculo escritório, todas de figuras históricas pelas quais havia se fascinado no curso de sua vasta leitura. Era uma outra ilustração de sua paixão e dedicação. Como preparação para um giro pelo mundo ele começara a ler história e biografias. Circunstâncias além do seu controle fizeram com que a viagem fosse abortada, mas os livros nas estantes da parede, que ele leu com ardor e empenho, testemunhavam a paixão com que se atira a tudo.

« Homens assim, pensei comigo, ao sair de seu consultório essa noite, são o que há de mais próximo a sábios e santos no mundo profano. Como esses, eles praticam concentração, meditação e devoção. São absolutamente obsessivos ao se consagrar a uma tarefa; seu trabalho, que é puro e descompromissado, é uma prece, uma oferenda que fazem cada dia ao Criador.

«Só no reino ou no domínio em que operam é que diferem das grandes figuras religiosas.»

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Trecho do livro Pesadelo Refrigerado, de Henry Miller.

Financiando projetos criativos

Quem já entrou com algum projeto numa dessas inúmeras leis de incentivo sabe o quão desestimulante é a burocracia que envolve o processo em todas as suas etapas. Sem falar do viés ideológico – canhoto, destro ou maneta – que costuma permear os critérios daqueles que aprovam ou rejeitam tais projetos. Daí ser uma boa notícia saber que já há, no Brasil, um serviço semelhante ao do Kickstarter, uma plataforma para buscar financiamento colaborativo a projetos que envolvem criatividade: o Catarse. Como funciona? Simples, basta você escrever um projeto para sua peça (ou filme, livro, exposição etc.), definir e expor o que promete dar em troca aos financiadores, gravar um vídeo no qual poderá esmiuçar a coisa toda com mais ênfase, e então publicar tudo isso no Catarse. Logo que o montante atingir o limite mínimo exigido, você receberá o dinheiro para viabilizar seu trabalho. Assim, seu sucesso dependerá tanto da sua capacidade de execução quanto da de divulgação e convencimento. Ou seja, você não dependerá de nenhum burocrata!

Se o cara abaixo tivesse recorrido a um serviço como esse, talvez não tivesse desistido do cinema…

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Publicado originalmente no Digestivo Cultural.

José Guilherme Merquior fala sobre as literaturas fantástica e visionária

José Guilherme Merquior

« Depois que a crítica moderna descobriu, pela experiência de Auschwitz e Dachau, o realismo premonitório de Kafka, depois que foi levada a revelar o visionário como origem mal disfarçada de muito realista tido por exemplar – Hoffmann como fonte de Balzac – já não parece haver dúvida sobre a legitimidade do imaginário enquanto realismo. Resta apenas distinguir entre as modalidades realistas do próprio imaginário. Por que, com efeito, entre a linha de Kafka e a poética muriliana existem tantas diferenças? Admitindo o fato de que não advêm do maior ou menor valor estético nem da condição de poeta [Murilo Mendes], por oposição à do prosador, qual o núcleo estilístico responsável por essa divergência de caminhos, dentro da esfera geral do realismo imaginário?

« Talvez seja preciso fundar uma distinção entre duas vias do realismo imaginário: entre a literatura do fantástico, e a literatura do visionário. Do fantástico foi Sartre quem nos deu uma penetrante fenomenologia. A descrição do mundo fantástico descobre-lhe as leis, a primeira das quais é a que exige, para a sua realização, que esse mundo seja completo. Se não obedecer a esse caráter de universo completo – universo totalmente fantástico -, nenhum extraordinário conseguirá assumir a condição fantástica. Sartre exemplifica com o caso das fábulas, nas quais o insólito, dado entre tantas outras coisas não insólitas, não chega nunca a virar fantástico. Na fábula, um cavalo põe-se a falar: é um acontecimento extraordinário. Mas ele fala em meio a árvores, a rios, a seres e coisas que permanecem, da maneira mais natural, obedecendo às leis do mundo em sua absoluta normalidade. Por causa disso, percebe-se logo que o cavalo é tão somente máscara; compreende-se que é um homem disfarçado – e reconduz-se o pseudo fantástico ao sistema das leis do mundo. A fábula finge o fantástico; não o cria verdadeiramente. Se o cavalo falante fosse realmente fantástico, o universo inteiro também o seria, e cada coisa, cada ser violaria, tanto quanto o cavalo, a legalidade da natureza. O fantástico só se realiza quando o extraordinário abrange um universo completo. Porém desse universo, que rompe a norma do natural, qual é a lei suprema, a lei que autoriza a inversão das regras ordinárias? É a revolta dos meios contra os fins, responde Sartre. No mundo do fantástico, os objetos-meios se esquivam ao nosso uso, rebelam-se contra os fins que lhes são normalmente assinalados. No romance de que Sartre partiu para teorizar sobre o fantástico, um personagem tem um encontro no primeiro andar de um café. Chegado a este, ele vê perfeitamente que o primeiro andar ,existe, vê as mesas dos fregueses lá em cima – só não vê, por mais que a procure, a escada, ou elevador, que possa fazê-lo chegar lá. A escada é um meio rebelde, cuja rebelião adquire a forma da pura ausência. A impotência do herói diante desse meio-fantasma nada tem a ver, observa Sartre, com a impotência humana diante do absurdo. Na literatura do absurdo (em seu modelo perfeito, L’Étranger de Camus), em lugar da rebelião dos meios, acontece a pura ausência de fim, de qualquer fim. "Les hommes aussi sécretent de l’inhumain", diz Camus em Le Mythe de Sisyphe, e o inumano segregado é a consciência passiva, mecânica, que renunciou a elaborar significações e portanto a designar finalidades. O homem que constata o absurdo renuncia a todos os projetos; não reconhece mais nenhuma finalidade. O herói do mundo fantástico, entretanto, continua perseguindo os fins num universo que a insolência dos meios torna hostil, torna cruel, torna indecifrável – mas não absurdo. O mesmo Sartre separa Kafka de Camus, sob a alegação de que, no primeiro, o mundo não é sem sentido; é, isso sim, um mundo de sentido angustiantemente oculto, universo de cifras intraduzíveis. A cifra indecifrável, o texto ilegível, são manifestações da rebeldia dos meios naquilo que é o meio por excelência: a mensagem. As mensagens, objeto cuja existência se resume em comunicar, em consumir-se como ponte, como contato entre pólos, emissor e receptor, estão sempre descumprindo sua função, no plano do fantástico. Nunca transmitem normalmente: ora desaparecem, ora transmitem em falso, ora transmitem à pessoa errada. Texto rebelde, as mensagens, comunicação essencial entre os homens, correspondem no fantástico à sociedade burocrata, onde os próprios homens, num universo de meios rebeldes, se fazem meios. Os burocratas de Kafka são simples utensílios. Como utensílios, são os representantes de um mundo invertido, onde o sujeito de todas as finalidades, o homem, degrada-se em instrumento puro, enquanto os instrumentos recusam-se a servir.

« Se o fantástico é um universo completo, vale dizer, onde tudo é homogeneamente extraordinário, no plano do visionário o mundo é, diversamente, um universo misto. Misto ou híbrido, no universo visionário convivem o insólito e o natural o maravilhoso e o vulgar. O plano do visionário é eminentemente transitivo: nele, o espantoso irrompe e desaparece com a mesma naturalidade. Seu ingresso abrupto, e sua não menos brusca reconversão ao natural, são fenômenos freqüentes numa esfera em permanente processo. Em oposição ao estático do fantástico, o mundo visionário é vivamente dinâmico. Heterogêneo, aí se chocam vários elementos contraditórios, num procedimento dialético jamais reduzido à imobilidade. Nenhuma situação é fixa; nenhuma se exime de ser envolvida pelo processo. Assim, se os meios às vezes se rebelam, se os utensílios ameaçam trair sua função, nunca se pode dizer, do homem desse universo, que tenha perdido sem apelação a liberdade de sua consciência. O habitante do visionário não é, como o do fantástico, um burocrata medular. Ele perde-e-recupera, perde-mas-recupera o seu status humano de detentor supremo de finalidades. Tampouco habita um mundo sem significação (absurdo), ou de significação irremediavelmente oculta (fantástico). Por mais que vacile, por mais que se contradiga, atribui sempre ao mundo um sentido inteligível, de leitura parcial e não raro difícil, mas nunca impossível. A concepção do mundo do visionário é, portanto, aberta ao entendimento de uma lógica do acontecer, de uma razão histórica e de uma ordem temporal – embora não seja esta simplesmente linear.

« Se é possível estabelecer uma distinção entre as técnicas de representação derivadas dessa diferença de visão global, deverá ser dito que a literatura do fantástico se funda no uso de um estilo alegórico, ao passo que a literatura do visionário se encarna num estilo de natureza preferencialmente simbólica. O uso poético da alegoria foi definido, em grande profundidade, no ensaio de Walter Benjamin sobre o drama barroco alemão (publicado em 1928; redigido, como tese universitária, alguns anos antes). Suas conclusões foram em parte aproveitadas por Lukács num ensaio do livro Die Gegenwartsbedeutung des kritischen Realismus. Benjamim, embora oficialmente estudando apenas a tragédia barroca, na realidade desenvolveu uma teoria do estilo alegórico como fundamento da literatura de vanguarda contemporânea, com especial aplicação a Kafka, autor a quem dedicou outro de seus ensaios. Para ele, a alegoria fixa o sentido da temporalidade como certeza da morte e da decadência. No estilo alegórico, a significação de todo fluir está ligada aos motivos do pessimismo e à revelação do vazio da existência. "As alegorias são no reino das idéias o que as ruínas são no reino das coisas". No estilo alegórico, toda a significação do real se encontra na caducidade, na "paixão do mundo" em que se transforma a História como pura vocação para o nada; e por isso mesmo, toda singularidade, toda coisa, pessoa ou relação pode vir a representar qualquer coisa: pois o mundo profano, mundo sem sentido, embaralha as significações em virtude da sua completa privação de valores. As relações da literatura do fantástico com o estilo alegórico são patentes. Benjamim cita as palavras do próprio Kafka: "A mais profunda das experiências vividas é a de um mundo rigorosamente sem sentido, que exc1ui toda esperança, e que é o nosso mundo, o mundo do homem, do homem burguês contemporâneo". Kafka concebe o universo como um sem-sentido. Benjamim insiste numa interpretação antibrodiana de Kafka. Segundo sua linha de análise, Kafka é um ateu, não do tipo progressista, que afasta Deus do mundo para liberar este último do controle transcendente, mas sim – como nota Lukács – do tipo niilista que imagina um mundo abandonado por Deus para figurá-lo inteiramente despojado de significação, e sem nenhum vislumbre consolador. O Deus de Kafka, os juízes supremos de O Processo, a administração de O Castelo, são "a transcendência das alegorias kafkianas: o nada" (Lukács). Esse nada transcendente é o fundamento único de todo existente; em conseqüência, mesmo sendo um observador, um narrador de extraordinária vividez no detalhe, na minúcia de cada cena, Kafka não nega com isso a constatação da ausência de sentido deste mundo, a que um transcendente aniquilado e aniquilador retirou para sempre qualquer significação. Tudo neste nosso mundo é, para Kafka, fantasmagórico. A realidade concreta não passa de espectro. Eis a razão porque mesmo a cena mais banal desperta tanta atenção de Kafka – precisamente por seu caráter de pesadelo, de sonho absurdo, de história do outro mundo, em suma: de episódio fantástico. A transcendência, sendo nada, aniquila o sentido deste mundo e dos projetos humanos. A consciência alegórica, que se representa esse universo, é prisioneira e passiva, consciência congelada e melancólica, privada de iniciativa e de liberdade. O surgimento do "mundo invertido" é o sintoma corrente da subtração da finalidade (subtração do projeto humano) a que a transcendência submeteu a terra. A consciência antropomórfica da angústia vê isso como "rebelião dos meios". O estilo fantástico ancora nessa visão, já descrita por Sartre. A literatura do absurdo ultrapassa a consciência do mundo sem sentido em sua forma antropológica, de modo que, em lugar de representar uma rebelião dos utensílios, simplesmente se representa esse universo na própria razão da aparente revolta dos meios, ou seja: na sua absoluta carência de sentido. Mas, a partir da apreensão, pela consciência, do sintoma da rebelião dos utensílios e da metamorfose do homem sem projeto em simples instrumento, tudo aparece como insólito, ainda o mais banal e mais vulgar, porque o universo em que essa "rebelião" se dá, o mundo em que irrompe essa inversão da legalidade natural, é um mundo fechado, completo, homogeneamente fantástico. Porque tudo parece estranho, cada cena e cada singularidade provoca intensamente a atenção do narrador. A vividez narrativa de Kafka – a lucidez minuciosa de seu estilo – não é portanto casual. Em relação à alegoria, base da literatura do fantástico, esse amor pelo detalhe não é uma contingência: também ele faz parte da essência da alegoria, e igualmente encontra razão no próprio núcleo do fantástico.

« A técnica da representação simbólica já pertence a uma outra visão. O símbolo é, goetheanamente, o universal no concreto. Em termos hegelianos e lukacsianos, confunde-se com a manifestação no estilo da categoria estética da particularidade, que é o ponto nodal do processo dialético e da passagem do singular ao universal (e vice-versa). Particular, típico ou simbólico será o personagem (ou a imagem lírica) que, sem deixar de oferecer características concretas e presença material, representa a concentração, num exemplo, das tendências gerais do dinamismo histórico e da temporalidade objetiva. E porque essas tendências raramente estão isentas de contradição, o típico simbólico não sustenta a figuração de um mundo homogêneo, mas sim de um universo heterogêneo, campo de contrários, área mista, terreno onde coexistem diversos pólos opostos em contínuo movimento e variadas posições.

« A distinção entre uma literatura do fantástico e uma literatura do visionário está potencialmente confirmada pelos modernos estudos a que, sob a influência do processo de revisão do maneirismo como estilo cultural, a crítica moderna submeteu o conceito de literatura (e de arte) do grotesco. Exponencial, entre esses estudos, é o livro de Wolfgang Kayser, Das Groteske, de 1957. Kayser propôs a arte grotesca como revelação de um mundo sem sentido, e da desorientação humana frente a ele. As deformações grotescas indicariam a insignificação do mundo. Por isso mesmo, as distorções que, por mais aberrantes, ainda possuam certa orientação satírica, derivada do desejo de censurar os desvios de conduta e os vícios da ação do homem, não seriam verdadeiramente grotescas. O universo infernal de Bosch, por exemplo – que encontra sentido numa interpretação cristã do ser – não configura o grotesco autêntico, exatamente porque Bosch, por mais que pinte aberrações, é ainda senhor de uma compreensão e de uma inteligência do mundo; ao passo que o universo de Brueghel, já liberado de coordenadas explicativas, denunciaria, não o infernal (que supõe o celestial), mas sim o puro sinistro (que só supõe o absurdo). Em nossos termos, Bosch, pintor do pecado, seria um visionário; quanto a Brueghel, deformador solitário, intérprete sem chave conhecida da existência, seria já um fantástico. Bosch, sobrevivência medieval, ainda detém a segurança da visão cristã; Brueghel, artista problemático do estilo problemático que foi o maneirismo, já não conserva nem mesmo o refúgio de uma tal certeza. Aproveitando o exame de Kayser, é possível distinguir de forma equivalente entre Hoffmann e Kafka, ou seja, entre as alucinações do romantismo e as fantasmagorias da literatura moderna.

« Seria fácil demonstrar que essa fronteira se dá também na arte contemporânea. Depois do cortante estudo de Sartre sobre Wols (em Situations IV, 1964, originalmente prefácio a um volume de desenhos e aquarelas do pintor), seria tranqüilo repetir, entre Wols e Klee, o mesmo jogo diferenciador que se armou entre Brueghel e Bosch. Com efeito: para Paul Klee, para além da aparência sensível dos objetos, o ato de criação artística estabelece um comércio vivo entre pintor e modelo, de modo que um revela o outro, ambos participantes de uma mesma totalidade dinâmica. "Le Voyant est chose vue, la Voyance s’enracine dans la visibilité", diz Sartre: o pintor supera a aparência sensível imediata percebendo uma união de essência entre ele próprio e seu modelo; e, simultaneamente, o mundo exterior lhe fornece essa visão, em que objeto e sujeito devolvem um ao outro o seu reflexo. As formas abstratas são para Klee o resultado de uma contínua observação da natureza; mas a grande revelação do cosmos ao artista é a de que todos os seres podem servir de símbolo de um processo, de signo do movimento do universo, que o pintor descobre em si e prolonga por sua obra. Desse ângulo, o ser se define pela praxis criadora. Parte de um tal todo, sua participação é funcionalmente ativada pelo artista. A arte de Klee, agudamente denominada "realismo operatório", é uma disciplina onde se impõe a consideração da função dinâmica sobre a da forma acabada, onde "se aprende a reconhecer as formas subjacentes, a pré-história do visível" (Jean-Louis Perrier). Para Klee, o mundo é um perpétuo a fazer: visão cristã e fáustica da realidade. A seu lado, Wols é um nirvanista oriental, um fugitivo de toda ação. Seus preceitos são a apologia da passividade: "a cada instante, em cada coisa, existe a Eternidade"; "quando se vê, não é preciso nos encarniçarmos sobre o que se poderia fazer com o que se vê, mas apenas ver o que é". O mundo de Wols não é uma totalidade que o artista contribui para unificar, é uma unidade incriada, "feita" de uma vez por todas. Klee age sobre o ser; Wols padece os objetos. A teoria do conhecimento de Wols, de colorido ético-oriental, é precisamente a atitude epistemológica de Schopenhauer, de quem Cassirer disse genialmente que foi a primeira a substituir a apreensão do real pelo padecimento do mundo. O indivíduo, o homem, a ordem reconhecida das coisas, tudo perde com Wols a sua identidade originária; tudo se dana e se aniquila. O visionário Klee pinta o universo do múltiplo e dinâmico; o fantástico Wols, tornando todo objeto incaracterístico, indefine tudo para a submersão final no Uno estático, imovelmente existindo sobre a nossa abdicação do gesto, do querer e do fazer. A diferença entre ambos sela a sorte do abstracionismo contemporâneo, que passou de fáustico a ascético, do construtivismo à renúncia "lírica".»

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MURILO MENDES: ou a poética do visionário, in Razão do poema, de José Guilherme Merquior.

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