2:15 pmPague o escritor! (Pay the Writer!)

¿Sabe quando todos querem que você trabalhe de graça? ¿Sabe quando todos os envolvidos em um projeto irão receber dinheiro, mas você só irá desfrutar de “divulgação gratuita”? Pois é…

(Via jpcuenca e AlexCastroLLL.)

Obs.: Como este flash insiste em iniciar o vídeo por si mesmo, vou retirá-lo da página inicial do blog. Para vê-lo, clique no link abaixo.
Continua…

10:14 pmO realismo histérico de Pynchon, DeLillo e Rushdie

Em entrevista ao Letras Libres, o crítico britânico James Wood comenta (entre outras coisas) a mania que escritores como Don DeLillo e Thomas Pynchon têm de inserir “historietas” e uma intragável avalanche de informações em seus aborrecidos romances de 500 páginas.

jameswoods

Letras Libres: Esto nos lleva a la noción de “realismo histérico”, que introdujiste en un famoso artículo.

Este es otro terreno en el que creo que he sido malinterpretado. Parte de lo que no me gusta del realismo histérico es precisamente el realismo. En otras palabras, lo que no me gusta de algunos de esos libros –y, de nuevo, pienso cuán grandes son: Submundo de DeLillo, o las novelas de David Foster Wallace, o Against the Day de Pynchon– es que los veo parcialmente dentro de la tradición del realismo estadounidense, en la cual el escritor piensa: “Debo sumergirme en la realidad norteamericana, debo poner en la novela cuanta información pueda sobre la realidad actual o la historia norteamericana.” De ahí el tamaño de las novelas, pero también de ahí su saturación con información, con videófonos semióticos o lo que sea. Lo que no me gusta de estos escritores es que de algún modo parecen haber renunciado al desafío de la forma, que es lo que Henry James decía en uno de sus prefacios: las relaciones humanas no se detienen en punto alguno y el exquisito problema del arte es trazar un círculo dentro del cual parezca que sí. Eso es la forma, ¿no?

Esta es una condición particularmente estadounidense, y quizá se remonta a Whitman, que decía que Estados Unidos era el poema más grande. Si uno dice que Estados Unidos es el poema más grande, lógicamente está diciendo que el poema o la novela tiene que ser tan grande como Estados Unidos. De ahí la continua obsesión con la gran novela norteamericana. Y tan pronto se dice la “gran novela norteamericana” uno comprende que no puede ser de sólo cien páginas. Este es, entonces, un problema del realismo. Sea como sea el modo en que lo esboces, aunque luzcas posmoderno porque estás jugando con el lenguaje y haciendo cien cosas diferentes, sigues siendo realista. Este es un modo de fastidiar a los escritores y críticos estadounidenses: decir “¿Qué es lo nuevo y radical en Submundo de DeLillo?” Se parece a Casa desolada de Dickens. Es un escritor tratando de conectar a la sociedad en diferentes niveles, justo como un escritor victoriano lo hacía con Londres o Balzac con París; está tratando de meter mucha información, mucha historia, y usar un gran lienzo para hacerlo; tampoco hay nada de malo en ello. Así que la mitad del ataque contra el realismo histérico es un ataque contra el realismo: no se dan cuenta de que son realistas. La otra mitad es contra el aspecto histérico, que no es un costado realista; es esa especie de cosa loca, funky, a lo Rushdie. Viene un poco del realismo mágico, pero también del interés de los escritores contemporáneos por las historietas. Si uno considera a los escritores norteamericanos de mi edad –como Michael Chabon, por ejemplo–, uno encuentra que lo que realmente les gustaba cuando niños o adolescentes no eran los libros sino las historietas: Marvel Comics, Superman, etcétera. Y creo que eso se puede ver en su trabajo. Y si a eso se agrega una dosis masiva de televisión y de películas, uno entiende por qué se fugan de la novela. Al menos desde mi idea de la narración.

Letras Libres: Mencionaste a Rushdie: no todos son norteamericanos.

Es verdad, no es un fenómeno meramente estadounidense, y lo he definido en mis ensayos como una exageración en la cantidad de historia, de trama. Ahora bien: vi a Zadie Smith hace un par de semanas en Nueva York y hablamos un poco acerca de todo esto. Me sorprendió –bueno, en cierto modo no me sorprendió– descubrir que ella está totalmente cooptada por la neuroestética. Ha estado leyendo cosas acerca del cerebro, la conciencia y demás. Discutimos sobre esto. Ella me dijo: “Esto va a ser una revolución”, y yo le dije: “Ya ha sido una revolución.” Me contestó: “No, va a significar una revolución en los estudios de literatura de la misma manera en que lo fue Freud. Lo que haremos es convertir la pregunta ‘¿qué es el yo (the self)?’ en algo tan obsoleto y anacrónico como la pregunta del siglo XIX sobre qué es la vida, porque la ciencia revela que se trata sólo de un sistema de procesos.” Y yo le dije: “¿Y qué? Eso lo sabemos, lo hemos sabido por un largo tiempo. La neurociencia es esencialmente biología, y el último siglo nos ha mostrado mucho de nuestra biología: nuestros impulsos, nuestros motivos y demás. Freud, después de todo, se pensaba como un científico, un biólogo de la mente, y no destruyó el yo, no destruyó ninguna de las preguntas, no alteró el hecho de que nuestros padres mueren y de que nosotros moriremos.” Yo no veo ningún desafío allí, pero ella es diez años menor que yo y, curioso en un novelista, tiene urgencia por deshacerse de la complejidad del yo, y eso se puede ver en sus novelas.

Letras Libres: En How Fiction Works planteas que se trata de un problema técnico: como es difícil seguir creando personajes, surge esta manera de escribir. Pero ¿es sólo un problema técnico? Algunos hablan de crisis cultural, de crisis de los grandes relatos.

No es sólo un problema técnico. Tiene que ver con una suerte de relación moral y metafísica con el yo. El problema es que si dices esto, a mucha gente le parece que estás tratando de aferrarte a las grandes narrativas. Y yo puedo aceptar que han recibido una golpiza, pero ¿qué más podemos hacer? Estados Unidos es un poco diferente a otros países. Los escritores aquí tienden a no tener un sentido histórico tan profundo como en otros sitios, donde una buena cantidad de escepticismo teórico no es incompatible con la seriedad metafísica.

(Veja a entrevista completa.)

12:01 pmNossa peça no Festival Internacional de Teatro de Brasília

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A adaptação que fiz a quatro mãos com a Miriam Virna do livro Admirável Mundo Novo, de Aldous Huxley — a peça Admirável e Só para Selvagens — foi selecionada para o Cena Contemporânea – Festival Internacional de Teatro de Brasília. Estará em cartaz nos dias 8 e 9 de Setembro, às 19 horas, no Teatro Goldoni, Casa D’ Itália (208/209 Sul).

Do site do evento:

Os números do festival em 2009 impressionam: 12 dias, 24 espetáculos, 12 teatros, três grandes shows, 300 artistas. Nesta décima edição, o festival encara sua mais intensa programação. Tendo a França como país especialmente convidado, o CENA apresentará espetáculos dos Estados Unidos, Canadá, Uruguai, Argentina, Espanha, Israel e, é claro, França, trabalhos de algumas grandes companhias nacionais (das cidades do Rio de Janeiro, São Paulo, Recife, Belo Horizonte, Campinas, São José do Rio Preto e Brasília) e shows com artistas prestigiados na cena pop mundial, como Angélique Kidjo e Richard Galliano, que fará com o brasiliense Hamilton de Hollanda um show que já se anuncia histórico.

Contamos com a presença de todos. Sei que sou suspeito, mas devo dizer que nossa peça é ótima. :)

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Leia o release da peça aqui.

A peça no site do Cena Contemporânea.

1:07 pmO Marceneiro e o Poeta ou Antônio Ramos e Bruno Tolentino

Bruno Tolentino

Antônio estava debruçado sobre um banco de madeira rústico, que ele, com a expressão atenta de um cirurgião, colocara de ponta-cabeça para melhor avaliar o estrago causado pelos cupins. Com uma verruma, ia seguindo e alargando as trilhas abertas pelos insetos, como quem ara o solo antes da semeadura. O banco era pesado, comprido — comportaria umas cinco ou seis pessoas sentadas lado a lado —, e tinha orifícios de cupim por toda sua extensão. O Sol das nove horas da manhã, um Sol de outono, já iluminava praticamente todo o átrio da casa, fazendo luzir as lascas de madeira que se desprendiam da parte inferior do assento, enquanto eu, sem esconder minha admiração por aquela sem-cerimônia com um objeto tão estimado por sua proprietária, ia observando o desenrolar daquela tarefa milenar. Eu ainda tinha em mente a missão que recebera, mas o ar misterioso e reticente daquele marceneiro, suas maneiras graves e seu olhar duro, despertavam minha curiosidade para além da tarefa que me fora incumbida. Ao contrário da escritora Hilda Hilst, eu não sentia o menor receio pela presença daquele desconhecido de meia-idade, um negro de baixa estatura, roupas surradas e ar circunspecto. No entanto, ela era a proprietária da casa e tinha todo o direito de saber quem era seu novo hóspede. Até entrar naquele pátio árabe, eu sequer sabia que se tratava de um artesão. Sentia, sim, um interesse crescente por sua história, afinal, dificilmente davam às praias da Casa do Sol pessoas desprovidas de experiências, valor e espírito. ¿Por quais meios, por quais acasos e destinos ele teria ido parar em nosso refúgio de escritores?

“¿Por acaso você tá tentando competir com os cupins para ver quem é mais eficiente na destruição do banco?”

Ele sorriu pela primeira vez desde que chegara ali na tarde anterior: “Pois é… Isso aqui é como combater um câncer… A gente precisa retirar o que tá podre antes de iniciar o tratamento.”

“Humm… Você então trabalha mesmo como marceneiro, né.”

“Bom, a marcenaria é meu salva-vidas…”

Eu me sentei no chão, à beirada da varanda, pensando no quanto invejava os detentores de semelhantes habilidades manuais. Eu mal era capaz de desmontar e montar uma bicicleta, quanto mais de restaurar móveis de madeira. Minha presença não parecia incomodá-lo nem um pouco. Antônio, mergulhado em silenciosa concentração, prosseguia com seu labor. Pigarreei, embaraçado com minha tarefa.

“¿Você sabe quando ele vai voltar, Antônio?”

“Ele me disse que voltava em uma semana.”

“¿E você va–”

“¿Ela tá com medo de mim, não tá?”, me interrompeu, sem deixar de mirar o banco.

Eu sorri: “Na verdade… sim. Quer dizer, não é bem meeedo…”

“Mas ela pediu pra você vir conversar comigo, me sondar, ¿né?”

“Exatamente”, respondi, satisfeito por ver que ele não era nenhum idiota e que não era dado a rodeios. “Mas você não precisa ficar chateado com ela.”

“Não, claro que não, eu entendo.”

“Ela já passou por uns maus bocados aqui, Antônio. Muita gente doida costuma dar as caras nesta chácara e, como ela não tem marido nem filhos, às vezes se sente desprotegida. É uma mulher de setenta anos, ¿saca?”

Ele me encarou com um olhar mais leve, como se o gelo, graças à nossa franqueza mútua, tivesse sido quebrado.

Continua…

10:07 amCredo de Dom Quixote

Salvador Dali - Don Quijote (1971)

Do livro “Páginas várias”, de Mário Ferreira dos Santos, Editora Logos, Junho de 1960:

“Creio na sabedoria divina criadora do cosmos; creio no cavalheirismo dos libertadores de bons prisioneiros; creio no amparo aos perseguidos, e aos necessitados, ávidos de justiça e de liberdade.

“Creio no orgulho ante os poderosos; na justiça ante os maus; na magnanimidade ante os bons e os mansos, na delicadeza ante as mulheres e as crianças.

“Creio na Coragem; no domínio dos desejos e no Amor Eterno.

“Creio na vida e na morte; amo as sombras dos bosques e a luz plena do meio-dia.

“Creio na Cavalaria Andante, realização suprema do homem bom e viril.

“Creio que há sempre um ideal a conquistar; feiticeiros que combater, duendes que enfrentar e monstros que destruir.

“Creio na necessidade do mal para maior glória do Bem.

“Creio na noite para maior glória do Sol, e no Sol para maior glória da Lua, inseparáveis amigos e confidentes dos campeadores do ideal.”

1:01 pmEscrevo livros impossíveis

António Lobo Antunes

Trecho da entrevista de António Lobo Antunes à revista Época.

ÉPOCA – Como o senhor define sua obra?

Lobo Antunes – Não entrei na literatura para ser um escritor qualquer. Quero ser maior que Tolstói e Joyce – e acho que todo escritor tem de pensar assim, senão ele não produz nada. Ele tem de pensar em coisas grandes. Comecei a escrever porque queria revolucionar o romance, subverter a literatura, transformá-la em algo que ainda não existia, ofuscar os antepassados. Quero colocar tudo num livro, o mundo inteiro, minha vida inteira. Quero praticar a obra de arte total que imaginava Richard Wagner. Escrevo livros impossíveis. Se me ocorre uma história que me sinto incapaz de formular, é aí que começo um livro. Quero escrever sobre o que não entendo. É assim que vou contornando os problemas, e chamam isso de estilo experimental. Na verdade, é uma atitude de enfrentamento. E de liberdade. É por isso que não creio na profundidade. O que existem são infinitas superfícies superpostas. Quando você se aprofunda demais em um assunto, acaba saindo pelo outro lado, de mãos abanando. Escrever é um ato impossível, porque tudo o que interessa vem antes das palavras, como as intenções, os desejos, a loucura. Os poetas são maiores porque conseguem transferir essas coisas inomináveis para as palavras. Mas escrever também é um ofício, como o de carpinteiro. É preciso conhecer a técnica, para abandoná-la. Todo grande livro é uma reflexão profunda sobre a arte de escrever. Cada livro meu tem de ser um mundo.

6:18 pmDiscurso de Albert Camus — Prêmio Nobel de 1957

Eis o discurso de agradecimento à Academia Sueca proferido pelo escritor Albert Camus, em Estocolmo, no dia 10 de Dezembro de 1957. Essa traição tradução foi feita por mim diretamente do francês e, como o meu francês anda meio enferrujado, espero que me perdoem qualquer deslize. O original se encontra aqui.
 

albertcamus “Vossas Excelências, Vossas Altezas Reais, Senhoras e Senhores,

“Ao receber a distinção com a qual vossa livre Academia tão generosamente me honrou, minha gratidão foi tão mais profunda ao considerar a extensão com que esta recompensa ultrapassa meus méritos pessoais. Todo homem e, especialmente, todo artista, quer ser reconhecido. É meu desejo também. Mas não me foi possível apreender vossa decisão sem comparar seu impacto ao que eu realmente sou. ¿Como um homem ainda jovem, rico apenas em suas dúvidas e com sua obra ainda em marcha, acostumado a viver na solidão do trabalho ou no retiro da amizade, como este homem não sentiria uma espécie de pânico ao ouvir o decreto que o transporta subitamente, sozinho e reduzido a si mesmo, ao centro de uma luz ofuscante? ¿E com quais sentimentos ele poderia aceitar esta honra se, neste momento, na Europa, outros autores, entre estes os maiores, estão reduzidos ao silêncio, e se, ao mesmo tempo, sua terra natal vem conhecendo um interminável infortúnio? Eu experimentei essa confusão e agitação interior. Para recuperar a paz, foi necessário, em suma, colocar-me em termos com essa sorte tão generosa. E, já que não posso rivalizar com ela apoiando-me somente em meus méritos, não achei nada mais para me ajudar senão aquilo que me sustentou por toda a vida e nas circunstâncias mais adversas: a idéia que tenho da minha arte e do papel do escritor. Permiti somente que, num sentimento de reconhecimento e amizade, eu vos diga, da maneira mais simples de que sou capaz, que idéia é esta.

“Pessoalmente, eu não posso viver sem minha arte. Mas eu jamais coloquei essa arte acima de tudo o mais. Se, em compensação, dela necessito, é porque não está separada de ninguém e me permite viver, tal como sou, no mesmo nível dos demais. A arte não é, a meu ver, um divertimento solitário. É um meio de comover o maior número de homens, oferecendo-lhes uma imagem privilegiada do sofrimento e das alegrias comuns. Ela, pois, obriga o artista a não se isolar, ela o submete à verdade mais humilde e mais universal. E aqueles que muitas vezes escolhem seu destino de artista porque se sentem diferentes logo aprendem que alimentam sua arte, e sua diferença, ao admitir sua semelhança com todos. O artista se forja no perpétuo retorno ao outro, a meio caminho da beleza, da qual não pode abster-se, e da comunidade, da qual não pode fugir. É por isto que os verdadeiros artistas não menosprezam nada: eles se obrigam a entender em vez de julgar. E se eles têm um partido a tomar neste mundo, que possa ser aquele cuja sociedade, nas palavras de Nietzsche, não seja mais governada por um juiz, mas por um criador, seja ele um operário ou um intelectual.

“O papel do escritor, ao mesmo tempo, não está separado dos deveres difíceis. Por definição, ele não pode se colocar, hoje, a serviço daqueles que fazem a história: ele está a serviço daqueles que a sofrem. Do contrário, eis que estará só e privado de sua arte. Todos os exércitos da tirania, com seus milhões de homens, não o libertarão da solidão, mesmo e sobretudo se ele concorda em caminhar junto deles. Mas o silêncio de um prisioneiro desconhecido, abandonado às humilhações no outro extremo do mundo, ao menos basta para retirar o escritor do exílio cada vez que ele consegue, em meio aos privilégios da liberdade, não se esquecer desse silêncio e transmiti-lo, repercurtindo-o por meio da arte.

Continua…

1:48 pmProcessadores de texto para escritores de ficção

Sempre que posso, testo alguns programas voltados à creative writing (escrita criativa), uma vez que os processadores de texto normais, a princípio, não possuem como usuários alvo os escritores e roteiristas. Em geral, editores de texto comuns têm a pretensão de ser utéis a toda e qualquer pessoa, a toda e qualquer função, desde a redação de receitas de bolo até a escritura de um romance. Claro, é bom ter um processador de textos comum ― e eu tenho dois: o Writer (editor do OpenOffice) e o EditPlus (útil para editar scripts em PHP, HTML, etc.). Mas não é destes que quero tratar. Senti a necessidade de um processador voltado à "escrita criativa" quando notei a quantidade de arquivos paralelos e secundários que vou criando enquanto escrevo meu romance: um com a descrição dos personagens, outro com ideias para a trama, outro com informações surgidas no processo mesmo da escrita ― as quais não devo esquecer de forma alguma ―, outro com dados de pesquisas feitas sobre temas relevantes, e assim por diante. No correr das semanas e dos meses, me vi afogado por dezenas de arquivos em DOC, TXT, RTF e HTML, nos quais, para meu desespero, encontrei dados repetidos e redundantes. Enfim, um processador de textos comum já não me satisfazia. Como eu já utilizava editores voltados à criação de roteiros de cinema e vídeo, decidi encontrar algum útil à escritura de romances, novelas e contos. Quero falar de ao menos três.

WriteItNowO primeiro, e o que me pareceu mais interessante e objetivo, é o WriteItNow. É ideal para romancistas e novelistas. Com ele, você cria um projeto no qual é possível definir, em abas separadas, o perfil dos personagens, ideias gerais, anotações referentes ao andamento da trama, eventos importantes, locações e, claro, a subdivisão do trabalho em capítulos e cenas. Há ainda gráficos que mapeiam a interação dos personagens e também a ordem cronológica dos eventos e acontecimentos mais significativos. O programa é capaz de exportar o livro completo ou os capítulos individuais para arquivos RTF, TXT e HTML. É possível ainda, na versão mais recente do programa, estabelecer metas e prazos para a finalização da obra, através da escolha de um número de palavras a ser escrito diariamente. Possui até mesmo uma instância cuja função é organizar e monitorar as cópias enviadas para editoras, com datas de envio, de aprovação, de negativa etc. A interface é simples, bonita e bastante intuitiva. O programa não é gratuito, mas vale o preço.

Ywriter Outro bom programa é o yWriter 5. Embora a interface não seja tão atraente e intuitiva, possui praticamente as mesmas funções do WriteItNow. Sua maior vantagem é ser gratuito e ter sido desenvolvido por um escritor de romances satíricos que também é programador ― o que significa que seu criador realmente conhece as necessidades de um autor de ficção. Sua função de becape via FTP é uma mão na roda. Na sua próxima atualização virá com a interface em português traduzida por mim. 

Devido a seu minimalismo, o terceiro é o contrário dos anteriores: Dark Room. É ideal para escritores que não necessitam senão de uma tela em branco. Ou, o que é padrão neste processador, de uma tela negra com texto em "fósforo verde", uma coisa meio Matrix. Digamos que é um Notepad metido à besta. Também é gratuito. Indicado para quem escreve contos e não deseja distrações. Eu curti.

4:32 pmDiscurso de Isaac Bashevis Singer – Prêmio Nobel de 1978

Quando fui secretário da escritora Hilda Hilst, e algum outro jovem autor lhe telefonava ou escrevia pedindo conselhos, ela me dizia: “Diga a ele para escrever em inglês, ninguém sabe o que é o português”. Em vista disso, o discurso de Isaac Bashevis Singer, Prêmio Nobel de Literatura de 1978, vem bem a calhar. Veja o que ele diz sobre escrever numa língua que quase ninguém mais fala (ou lê)…

(Para provar a veracidade do discurso — afinal, hoje é Primeiro de Abril — leia o original em inglês e acompanhe o próprio Singer no vídeo mais abaixo. A traição tradução ao português é minha.)

Isaac Bashevis Singer — Estocolmo, 10 de Dezembro de 1978

Isaac Singer“Vossas Majestades, Vossa Alteza Real, Senhoras e Senhores,

“As pessoas me perguntam com frequência, ‘Por que você escreve em uma língua moribunda?’ Quero explicá-lo em poucas palavras.

“Primeiramente, gosto de escrever estórias de fantasmas e nada se encaixa melhor num fantasma do que uma língua morta. Quanto mais morta é a língua, mais vivo é o fantasma. Fantasmas amam o iídiche e, até onde eu saiba, todos o dominam.

“Em segundo lugar, não apenas creio em fantasmas como também creio na ressurreição. Estou certo de que, quando o Messias regressar, milhões de cadáveres fluentes em iídiche se levantarão de seus túmulos e a primeira pergunta que farão será: ‘Há algum novo livro em iídiche para ler?’ Para eles, o iídiche não será uma língua morta.

“Terceiro: por 2000 anos o hebráico foi considerado uma língua morta. Subitamente ele se tornou estranhamente vivo. O que aconteceu ao hebráico pode também ocorrer ao iídiche um dia, (embora eu não tenha a mínima idéia de como isso poderia se passar).

“Há ainda uma quarta razão secundária para não renunciar ao iídiche e esta é: o iídiche pode ser uma língua moribunda mas é a única que eu conheço bem. O iídiche é minha língua materna e uma mãe nunca está realmente morta.

“Senhoras e senhores: há quinhentas razões pelas quais eu comecei a escrever para crianças, mas para economizar tempo irei mencionar somente dez delas. Número 1) Crianças lêem livros e não resenhas. Elas não dão a mínima para a crítica. Número 2) Crianças não lêem para buscar sua identidade. Número 3) Elas não lêem para se ver livres de culpa, para saciar sua sede de rebelião, ou para se desembaraçar da alienação. Número 4) Elas não vêem utilidade na psicologia. Número 5) Elas detestam sociologia. Número 6) Elas não tentam entender Kafka ou o Finnegans Wake. Número 7) Elas ainda crêem em Deus, na família, anjos, demônios, bruxas, gnomos, lógica, claridade, pontuação, e outras coisas obsoletas. Número 8 ) Elas amam estórias interessantes, não comentários, guias ou notas de rodapé. Número 9) Quando um livro é chato, elas bocejam descaradamente, sem qualquer vergonha ou medo da autoridade. Número 10) Elas não esperam que seu bem amado escritor redima a humanidade. Jovens como são, elas sabem que isto não está sob o poder dele. Apenas adultos possuem tais ilusões infantis.”

7:46 pmDiscurso de William Faulkner — Prêmio Nobel de 1950

O discurso abaixo — realizado durante a recepção do Prêmio Nobel de Literatura, no dia 10 de Dezembro de 1950, em Estocolmo — foi revisado e corrigido posteriormente para publicação pelo próprio Faulkner. A traição tradução que segue, feita por mim, é a versão final. Veja o original em inglês.

William Faulkner

Ouça o áudio original:

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“Senhoras e senhores, sinto que este prêmio não foi concedido a mim enquanto homem, mas a meu trabalho — o trabalho de uma vida na angústia e no sofrimento do espírito humano, não pela glória e menos ainda para obter lucro, mas para criar dos materiais do espírito humano algo que não existia antes. Assim, este prêmio está tão somente sob minha custódia. Não será difícil encontrar, para sua parte financeira, um destino condizente com o propósito e significado de sua origem. Mas eu gostaria de fazer o mesmo com esta aclamação também, utilizando este momento como o pináculo a partir do qual posso ser ouvido pelos jovens homens e mulheres já dedicados à mesma agonia e faina, entre os quais já está aquele que um dia estará aqui onde eu estou.

“Nossa tragédia, hoje, é um geral e universal temor físico suportado há tanto tempo que podemos mesmo tocá-lo. Não há mais problemas do espírito. Há somente a questão: quando irão me explodir? Por causa disto, o jovem ou a jovem que hoje escreve tem esquecido os problemas do coração humano em conflito consigo mesmo, os quais por si só fazem a boa literatura, uma vez que apenas sobre isso vale a pena escrever, apenas isso vale a angústia e o sofrimento.

“Ele, o jovem, deve aprendê-los novamente. Ele deve ensinar a si mesmo que o mais fundamental dentre todas as coisas é estar apreensivo; e, tendo ensinado isto a si mesmo, esquecê-lo para sempre, não deixando espaço em seu trabalho senão para as velhas verdades e truísmos do coração, as velhas verdades universais sem as quais qualquer estória torna-se efêmera e condenada — amor e honra e piedade e orgulho e compaixão e sacrifício. Antes que assim o faça, ele labora sob uma maldição. Ele escreve não sobre amor mas sobre luxúria, sobre derrotas em que ninguém perde nada de valor, sobre vitórias sem esperança e, o pior de tudo, sem piedade e compaixão. Sua atribulação não aflige ossos universais, não deixa cicatrizes. Ele escreve não a partir do coração mas das glândulas.

“Até que reaprenda estas coisas, ele irá escrever como se compartisse e observasse o fim do homem. Eu me recuso a aceitar o fim do homem. É bastante cômodo dizer que o homem é imortal simplesmente porque ele irá subsistir: que quando o último tilintar do destino tiver soado e se esvaecido da última rocha inútil suspensa estática no último vermelho e moribundo entardecer, que mesmo então haverá ainda mais um som: sua fraca e inexaurível voz, ainda a falar. Eu me recuso a aceitar isto. Creio que o homem não irá meramente perdurar: ele triunfará. Ele é imortal, não porque dentre as criaturas tem ele uma voz inexaurível, mas porque ele tem uma alma, um espírito capaz de compaixão e sacrifício e resistência. O dever do poeta, do escritor, é escrever sobre essas coisas. É seu privilégio ajudar o homem a resistir erguendo seu coração, recordando-o a coragem e honra e esperança e orgulho e compaixão e piedade e sacrifício que têm sido a glória do seu passado. A voz do poeta necessita ser não meramente o registro e testemunho do homem, ela pode ser uma das escoras, o pilar para ajudá-lo a subsistir e prevalecer.”